Revelan cómo la variedad climática ha determinado la dieta de los pueblos andinos durante los últimos 7.000 años

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A través del estudio de isótopos estables de colágeno óseo, los antropólogos lograron determinar los hábitos alimenticios de las poblaciones precolombinas que se asentaron en los actuales Perú, Bolivia y en el norte de Chile entre los años 5.000 a.C. y 1600 d.C.

Una novedosa investigación realizada por científicos de la Universidad de Utah ha revelado cómo la variación de las condiciones climáticas y demográficas de las antiguas sociedades que habitaron los Andes determinaron los hábitos alimenticios de las poblaciones precolombinas que se asentaron en los actuales Perú, Bolivia y en el norte de Chile, arrojando nueva luz sobre la diversidad de prácticas culturales en torno a la producción de alimentos, así como sobre distintas dimensiones de la vida social a partir de las cuales se estructuraron las civilizaciones.

Los antropólogos detallan que durante sus investigaciones evaluaron sistemáticamente la influencia del cambio climático y demográfico en la alimentación de las comunidades entre el año 5000 a.C. y el 1600 d.C. Para ello, a partir de los resultados de investigaciones previas, generaron una base de datos sobre la alimentación de 1.1767 individuos procedentes de tres áreas geográficas: la zona costera, tierras medias y tierra altas. La comparación de estos datos, obtenidos del análisis de isotopos estables de carbono y nitrógeno recuperados de colágeno óseo, reveló una diversidad de dietas que se fueron transformando a lo largo del tiempo.

Para evaluar si la variación  en los hábitos alimenticios fue resultado de factores climáticos o de cambios poblacionales, combinaron los datos paleoclimáticos de un modelo de circulación general, en el que se modelaron perfiles de precipitación y temperatura anual promedias, así como sus fluctuaciones estacionales. Además, se tomaron en cuenta estimaciones indirectas del número de habitantes de cada zona geográfica, que fueron obtenidas a partir de un conjunto de datos de 3.957 fechas de radiocarbono arqueológico.

Tras comparar las tendencias dietéticas, los resultados mostraron pocas coincidencias entre las regiones durante la mayor parte de los 7.000 años que abarca el estudio, unas variaciones impulsadas por la diferencia de los recursos disponibles para el consumo. Mientras que las comunidades costeras dependían principalmente de los recursos marinos, los habitantes de las montañas bajas tenían acceso a algunos recursos marinos y a ciertos animales de ganado, principalmente llamas, pero en su mayor parte dependían de la agricultura. Por su parte, la sociedades asentadas en las tierras altas se alimentaban principalmente de estos camélidos.

De acuerdo a los expertos, durante el Horizonte Medio (entre los años 670 y 1070) los imperios tiwanaku y wari impulsaron el comercio regional, contribuyendo así a la expansión del maíz como un importante componente de la alimentación en la región. No obstante, a pesar de la disponibilidad de nuevos productos a través del intercambio de bienes, el medioambiente siguió determinando la dieta de los pueblos.

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Pero la heterogeneidad en los patrones alimenticios se vio interrumpida bajo el dominio del Imperio inca durante el Horizonte Tardío (1542 y 1604), cuando las dietas de todas las regiones se volvieron similares entre sí, lo que sugiere que esta civilización logró concentrar el suficiente poder político, económico y militar como para dictar o influir en las decisiones dietéticas en todo el Tawantinsuyu, o Imperio inca, y por tanto amortiguar la influencia del clima sobre la alimentación.

Los resultados de esta investigación, publicados recientemente en la revista Scientific Reports, sugieren que la mayor parte de las diferencias alimenticias entre los pueblos de los Andes Centrales fueron resultado de la variedad de climas. Sin embargo, «la influencia ejercida por el Imperio inca superó las influencias climáticas locales en la dieta», comentó Kurt Wilson, coautor del estudio, lo cual muestra que la organización sociopolítica de un territorio puede homogeneizar el tipo de productos que se consumen.

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