El innovador dispositivo que redujo la letalidad policial en tres estados de Brasil (y el porqué de las resistencias que genera)

Especiales

En 2020, murieron 6.416 personas a manos de uniformados. En Sao Paulo y Santa Catarina los resultados sobre el uso de estos aparatos son prometedores.

Sospechoso de un robo en un mercado, Vinicius David de Souza Castro Gomes, de 20 años, sacó sus manos por la ventana del vehículo para mostrar a los policías que no iba armado y que estaba dispuesto a entregarse.

Pero los agentes le dispararon y rápidamente alteraron la escena del crimen colocando un arma en el cuerpo ya sin vida del joven.

Contaron una versión falsa de lo ocurrido. «Él sacó el arma y le disparé dos o tres tiros», dijo uno de los agentes que participó en la operación. Pero la cámara incorporada en el uniforme de uno de ellos desmontó su versión de los hechos. Los cuatro fueron acusados ​​de homicidio. 

El suceso ocurrió en Sao José dos Campos, en el interior del estado de Sao Paulo, en septiembre de 2021, pocos meses después de que en Río de Janeiro una operación contra el narcotráfico en la favela de Jacarezinho dejase 28 muertos, entre ellos un agente. Fue considerada la acción policial más sangrienta y letal de la historia de esta ciudad.

Las muertes por disparos de agentes en Brasil, uno de los países más violentos del mundo, son habituales. Los datos hablan por sí solos: en 2020 murieron en intervenciones policiales 6.416 personas

Cámaras de seguridad para los policías del estado brasileño de Sao Paulo.Governo do Estado de São Paulo

En un intento de reducir la letalidad policial, tres estados –Rondonia, Santa Catarina y Sao Paulo– adoptaron una medida utilizada en otras comisarías en el mundo: colocaron cámaras en los uniformes de los agentes.

Con esta tecnología –a prueba en por lo menos otros nueve estados– se pretende asegurar la transparencia de las incursiones policiales y reducir la letalidad.

Los datos sobre su efectividad son prometedores. Un estudio realizado, entre septiembre y diciembre de 2018, en Santa Catarina concluyó que se redujo hasta un 61,2 % el uso de la fuerza por parte de los agentes. «El uso de las cámaras actúa claramente como un instrumento de desescalada de la violencia», aseguró a RT el investigador Daniel Barbosa.

En Sao Paulo, donde comenzó a probarse este sistema en 2016 y se implantó de manera definitiva el año pasado, el uso de cámaras, junto a otra serie de medidas adoptadas, redujo las muertes en enfrentamientos policiales en solo cuatro meses –entre junio y septiembre– en un 46 %, frente al mismo periodo de 2020.

Los aparatos en este estado no pueden ser apagados, se controlan a distancia desde las centrales y se transmiten en tiempo real. Las imágenes se almacenan en una nube para que las autoridades judiciales y de seguridad puedan acceder a ellas.

La cámara también cuenta con un Sistema de Posicionamiento Global (GPS), por lo que el agente puede, por ejemplo, informar de su posición y solicitar apoyo si fuese necesario.

El estado de Sao Paulo prevé contar este año con 7.000 cámaras distribuidas a diferentes batallones, entre ellos, a las Rota, un equipo de élite de la Policía Militar que en 2019 fue el que abatió más sospechosos de ser criminales.

Resistencias

En opinión de Carolina Ricardo, directora del Instituto Sou da Paz, que trabaja en la implementación de políticas de seguridad pública y prevención de la violencia, a pesar de que con las cámaras Sao Paulo ha visto una reducción del uso de la fuerza y de la letalidad policial, todavía «hacen falta análisis más profundos sobre los resultados».

«Muchas veces a las cámaras se les atribuye los resultados, pero tiene que haber una voluntad política y real por parte del comando de la Policía para ese control de uso de la fuerza», matiza.

Para Ricardo son necesarias estrategias como las aplicadas en Sao Paulo con comisiones que analizan los casos violentos para ver si hubo errores o abusos en los procedimientos, con policías que hacen uso de armas menos letales o la puesta en marcha de programas de acompañamiento psicológico.

En un país donde el presidente del Gobierno, Jair Bolsonaro, fue electo bajo la promesa de que flexibilizaría el porte de armas, el número de armas en manos de civiles se duplicó en solo tres años, pasando de 637.972 en 2017 a 1.279.491 en 2020, según el Anuario Brasileño de Seguridad Pública.

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Un informe de Sou da Paz advierte que las armas que se compran legalmente en el mercado muchas veces no tardan ni 24 horas en terminar en manos de criminales. Un hecho que ocurre con más frecuencia desde que la legislación facilita su acceso a los ciudadanos.

El Gobierno de Sao Paulo reitera que el uso de las cámaras también protege a las fuerzas del orden de los ataques de criminales, aunque algunos agentes se resisten.

«Hay resistencia porque el discurso público es que sirve para controlar a la Policía y en parte es verdad. Pero sirve para mucho más: organización, procedimiento, un instrumento de gestión y para que el agente pueda trabajar bien», destaca. 

Sin embargo, recuerda que «hay grupos que son adeptos de la mano dura y a favor de que la Policía puede hacer lo que quiera». «Hay un debate politico e ideológico, sobre todo de grupos bolsonaristas, que no están de acuerdo con la implantación de las cámaras y que dificultad el trabajo. Un discurso ‘muy comprable’ por parte de la Policia», concluye.

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